domingo, 27 de febrero de 2011

¿Ficción o realidad?

- ¡Corten! ¡Toma buena! Buen trabajo chicos habéis estado geniales, creo que la película será un éxito.
¿Un éxito? ¿A qué se refiere? ¿Quién lo ha dicho? ¿Y por qué todo el mundo está desmontando mi habitación? No entiendo nada, ¿a dónde se llevan mi cama? ¿Quién es toda esta gente?
- Vamos, vamos, cuanto antes recojamos antes podremos irnos a casa.
Un momento, ¿recoger? No, no, no, esto no puede estar pasando, no puede ser, no es real.
- ¡Eh, Amy! ¿Te vienes? Los chicos y yo vamos a ir a celebrarlo. – Me dijo una chica que aparentaba mi edad.
- ¿Pero quién eres? ¿Celebrar qué? ¿Y por qué me llamas así?
- ¡Muy bueno Amy! Venga ahora enserio, ¿te vienes o  no? – La chica insistía muy segura de sí misma.
- ¡Que yo no me llamo Amy mi nombre es Adrianne y no voy a ninguna parte!
- Bueno tranquila, ¡como estamos! Pues si no quieres venir allá tú. Y haber si para mañana se te han quitado la tontería. – Se dio la vuelta y se fue.
No sabía de qué estaba hablando todo el mundo y tampoco por qué estaban desmontando mi habitación hasta que lo vi claro: en el momento en que apagaron el foco de luz que me cegaba, vi que todo a mí alrededor era un escenario, con su director, sus actores, las cámaras, el micrófono...
Poco a poco todo el mundo se fue, y cuando ya no quedaba nadie me acerqué a la silla del director. En un lateral había un taco de hojas unidas por una grapa: “La vida de Adrianne” ¡Mi vida había sido una película que acababa de terminar! ¿Pero cómo?
Me había metido tanto en el papel que me lo había creído todo: mis amigos, mis sueños, mi casa... mi vida... o bueno mejor dicho la vida de aquel personaje que estaba interpretando y que ahora quedaba en el recuerdo.
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¿Cómo saber si estas viviendo tu vida o si solo eres una actriz de una película que puede acabar de un momento a otro?

domingo, 6 de febrero de 2011

Explotar

Todos hemos explotado alguna vez, algunos más que otros y en ocasiones la onda expansiva del accidente ha llegado a dar a personas inocentes o ajenas a todo lo que había ocurrido.
Acumular sentimientos conlleva una carga y una responsabilidad tan grande que cuando uno lo suelta todo debe atenerse a las consecuencias y esperar que las cosas se encaucen, que vuelvan a la normalidad, y, que decirlo sirva para que mejoren, porque, ¿de qué sirve explotar si las cosas no van a cambiar?
Está claro que explotar es un acto involuntario, pero si aprendemos a controlar la ira, a calmarnos cuando la situación nos supera, a dar un mínimo de margen de error a las personas y a ceder, sobre todo a esto último, las personas como yo podremos no explotar nunca y vivir introvertidas para toda la vida, dejando así que personas como tú vivan tan felices que no se den cuenta de que sufrimos pro ellos, de que nos desvivimos para que ellos ni siquiera lo noten. Me desvivo para que tú ni siquiera te des cuenta de que me importas tanto que soy capaz de tragarme mi orgullo por ti, de no hacer lo que quiero por ti, de ofrecerte ayuda, de tenderte mi mano, de ser tu amiga, de esconder sentimiento, y todo ¿para qué? ¿Para qué ni si quiera pueda oír un simple gracias de tu boca? ¿Para qué me levante por las mañanas y me acueste por las noches pensando mañana se dará cuenta? ¿Para qué te enfades conmigo y no me hables o no me cuentes lo que te pasa y me grites y me insultes y me eches la culpa? Solo te pido un reconocimiento de mis esfuerzos por intentar conseguir que todo sea mejor y un simple gracias. Sé que parece que creo que no cometo errores pero si sé que los cometo e intento remediarlos pero la verdad es que tú no me pasas ni uno.
Estoy cansada de no poder enfadarme porque temo que si me enfado no vengas a buscarme como hago yo contigo, incluso es más, es probable que si me enfado nadie venga buscarme y me desvanezca en la soledad.
Por esto, a veces es buena mi burbuja: si no siento nada no me pueden hacer daño y vivo feliz, aunque sea una felicidad imaginaria.