Click. Y en ese momento todo se puso en marcha. Todos los engranajes del mecanismo se pusieron a funcionar y empecé a pensar en todo cuanto había aceptado en mi vida, todo lo que me importaba y lo que no, lo que había pasado por alto, lo que había rechazado, lo que realmente quería. Todo lo que había construído a mi alrededor empezó a tambalearse y, con un ligero soplo de aire todas las piezas, una a una, fueron derrumbandose sobre mí.
Mi mundo, mi pequeño refugio, dejo de tener sentido. De todas formas, ¿cómo podría tenerlo si yo no tenía ninguna meta que alcanzar, ningún sueño que cumplir, nada por lo que esforzarme o peor aún: nada por lo que vivir? En realidad lo que había estado haciendo durante años era ir desatando todos los nudos que surgían en la delgada línea de mi vida, de modo que todos los problemas tuvieran fácil solución y, evitar cualquier idea descabellada o ligeramente fuera de lo común para poder tener la vida más monótona que puedas imaginar.
Y así es mi vida, nada por aquí, nada por allá, nada. Porque no tengo nada por lo que realmente valga la pena arriesgarse, nada por lo que luchar.
Pero no es porque no lo esté buscando, ya que en realidad quiero encontrar ese algo, eso que quiera hacer en este mundo, algo para lo que esté destinada, aunque sea muy insignificante, aunque parezca que no es necesario hacerlo, pero que pueda ayudar para que alguien pueda llegar a hacer algo que verdaderamente importe. ¿Y entonces que debo hacer? ¿Rendirme?
Eso jamás. Seguiré buscando y buscando hasta que las lágrimas no me dejen ver, hasta que me sangren los pies o me duela todo el cuerpo, hasta que no me pueda mover, y aún así seguiré. Porque no me voy a rendir tan facilmente, porque no voy a dejar que la historia me devore, no le voy a dar esa satisfacción, y me implicaré al máximo. Cueste lo que cueste. Y cuando alcance mi preciada motivación, en ese momento, empezaré a vivir, y ya nada ni nadie me podrá parar. No apareceré en los libros de historia, por supuesto que no, y nadie notará que algo ha cambiado. Pero, bajo mis pies ya no está el mismo suelo, en el cielo ya no luce la misma luz y el océano ya no es tan profundo. El mundo ha cambiado para mí, y desde hoy todo es diferente.