viernes, 30 de agosto de 2013

Spray

La verdad es que no sé cómo empezar esta entrada así que empezaré por pedirte perdón. Perdón por mi falta de comprensión y de tacto al intentar animarte con tu problema. Dicen que más vale tarde que nunca y espero que tú también lo pienses y seas capaz de perdonarme.
Continuaré diciendo que había dado muchísima menos importancia a tu problema de la que en realidad se merece, no lo veía como algo tan catastrófico hasta que leí tus entradas. Ahí fue cuando me di cuenta de lo idiota que había sido pidiéndote un poco de optimismo. En mi defensa diré que no sabía todo lo que el medicamento ese te estaba haciendo y, que en comparación con el resto de problemas (el de ya sabes quien por ejemplo) supongo que ya nada me sorprendía y por ello, le quité importancia.
Sé que no tengo excusa puesto que a ella sí que la escuché e intenté comprenderla y ponerme en su lugar para que no le faltara mi apoyo. Y ahora que eres tú la que me necesita, (¡mi mejor amiga por el amor de dios! ¡¡¡Mi amolcito!!!) no he sabido entenderte. Solo espero que no sea demasiado tarde.
Al leer tus entradas me he dado cuenta de que lo peor de lo que te está pasando no es la enfermedad en sí, sino el medicamento que hace que sufras todos esos efectos secundarios que no deben de ser muy agradables. Antes de leerlo, creía que lo que te hacía falta era un poco de mi palabrería (ahora bastante inútil) para que por lo menos volviera a ver esa sonrisa que desprende tanta alegría. He sido muy idiota al pensar que con eso todo se solucionaría, como si fuera tan fácil claro. Como si únicamente porque antes parecía que servía iba a ser la cura para todos los males del mundo. Claro que sí, las guerras se acabarían con enviarle una carta al Jefe de Estado de cada país conflictivo… ESTÚPIDA. Esa es la palabra que me define.
Solo te voy a decir una cosa más; respecto a tu entrada, la de acostumbrarse a lo malo, esa en la que dices que tienes miedo de acostumbrarte a las malas rachas y a no querer ser feliz otra vez, te digo por experiencia que no te acostumbrarás. Yo era el “¿qué pasará con los niños?” dichoso de aquella pareja que no para de discutir pero no se separa, ¿y sabes qué pasó? Exactamente lo mismo que te pasará a ti. Que un buen día te levantarás y algo en tu interior hará “clic” y dirás “¡basta! Hasta aquí hemos llegado” Se acabó la chica infeliz, se acabó la tristeza y la desgana. Quiero volver a vivir, a reír, a bailar, a cantar, a saltar, a hacer todas esas tonterías que antes hacía y con las que me lo pasaba tan bien, a hacer todo aquello que me entusiasmaba y que había dejado de hacer porque no le encontraba ningún sentido.

Así que tomate tu tiempo pero no pierdas la esperanza porque de todo se sale, hasta de la infelicidad.
Y no tardes mucho en volver, que quiero abrazar a mi chica guapa. Te quiero, no lo olvides.