domingo, 27 de mayo de 2012

Verano, una sensación

Túmbate y extiende los brazos. Bien. Así. Y ahora cierra los ojos e intenta ignorar todo lo que oyes, menos a mí, claro. Hace calor, pero esa ligera brisa que corre consigue reducir la sensación térmica a 30ºC, créeme ha bajado. Es un verano caluroso, más que los anteriores. Estás en la playa, juegas con la arena entre tus manos y, debido al aburrimiento, doblas y estiras continuamente los dedos de los pies. La brisa te acaricia la cara.
El verano ha empezado bien, selectividad ha terminado y eres libre, libre en todos los sentidos. Puedes hacer todo lo que quieras e imagines, tienes tiempo, dinero, que últimamente hace falta, y además la suerte está de tu parte. No hay quien te pare, ni siquiera tu madre que ha estado especialmente pesada con lo que ibas a hacer este verano y a la que has conseguido esquivar con éxito para evitar irte de vacaciones con la familia, o al menos con tres cuartas partes de ella. También has conseguido esquivar a tu padre que aún no te ha propuesto nada de vacaciones pero que pronto llegaría y claro, tú con tu recién adquirida libertad no quieres atarte con la familia como para querer atarte con la novia de tu padre, que para que hablar. Perdón que me desvío. El caso es que eres completamente libre y no quieres perder esa libertad.
Tienes todo el verano por delante, en el camino te esperan Salou, Rock in Rio, y puede que hasta Málaga en un socorrido viaje con tus primas a un apartamento, que probablemente esté para el arrastre, porque tu abuela se niega a dejaros el de todos los veranos por no darle los buenos días cuando os levantabais. Pero eso tampoco venía a cuento. Posas tu mano derecha sobre tu frente. Aunque acabas de darte un baño, estás ardiendo pero no te levantas. "El verano promete" piensas, pero decides no depositar muchas esperanzas para no gafarlo. La brisa te acaricia la cara y te saca una sonrisa. El cielo está completamente azul, no se ve ni una sola nube, ni un solo indicio de que el día se vaya a torcer.
De pronto te vienen a la mente todas las cosas que has hecho durante este curso, y cómo no, las que podrías haber hecho. Hay tantas oportunidades que dejaste pasar, tantos sitios a los que podrías haber ido, tanta gente nueva que podrías haber conocido, tantos chicos que... ejem, eso es un caso especial, mejor dicho espacial. Lo tuyo empieza a alejarse de la normalidad pero tranquila ya llegará el momento. Tu momento. Se te pasa por la cabeza ese cambio de look que llevas deseando desde el final del curso, por no decir desde que empezó. Quizá un corte de pelo y un vestuario nuevo, pero diferente al que tenías, vas a empezar una nueva etapa en la universidad con nueva gente, y, si todo el mundo puede cambiar, ¿por qué tú no?
Verano, esa época del año en la que se vive de día y se disfruta de noche, se sueña, se espera, e incluso puede haber hueco para algún chico si te lo propones. No te rías. Verano, hasta la palabra suena bien. Tienes todo el verano por delante, eres libre y a tu lado están las personas que quieres que estén, los demás sobran. Un verano, una sensación, un escalofrío. ¿Qué quieres hacer?
Abre los ojos. Y ahora escúchame atentamente: deslumbra en la graduación, que se queden con tu cara, estudia, aprueba selectividad, matricúlate en la universidad, disfruta de tu último verano de tres meses y sé libre. A por todas chica, que tú puedes con eso y con más.

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Puedes ser feliz si lo intentas y recuerda que no necesitas a nadie para serlo. Solo tienes que desearlo para que sea verdad.

martes, 22 de mayo de 2012

500 días juntos

Tú. Sí tú. Esa pequeña y confusa criatura de letras que cree que lo tiene todo claro, pero no es así, porque yo sé la verdad. Incluso puede que en estos momentos sea una de las pocas privilegiadas que lo saben.
Eres como un mundo de fantasía encerrado en una pequeña ambición rubia. Perdón. Castaña. De ojos verdes y tan profundos que nunca sé si me estás mirando o estás fisgando en tu interior intentando recordar algo que has olvidado o que perdiste. Tan difícil de atrapar como un pájaro, tan extensa como el mar y tan clara como el cielo en su mejor día de verano.
Pero tú no puedes oírme, no puedes saber que yo te conozco puesto que nuestra comunicación se ha cortado. Igual de fácil como que un día no sonó el teléfono, y nunca más volvió a sonar. "Llámame tú", me decías, pero la cosa no es así de simple. Eras tú la que decidía cuándo, yo sólo estaba ahí para hablar contigo cuando lo necesitaras y para cuando yo lo necesitara. Nos entendíamos mutuamente, es más tú eras capaz de definir lo que yo no podía expresar, encontrabas la respuesta de todo y de nada, hasta de lo que no hacía falta encontrarla.
No te estoy reprochando nada, sólo constato un hecho. No pretendo que me vuelvas a llamar como antes hacías, ni pretendo que retomemos conversaciones olvidadas, y mucho menos pienses que te estoy echando la culpa, porque no es así. Sólo quiero que sepas que sigo estando aquí para ti, para lo que sea, a cualquier hora. Para entenderte cuando nadie más lo haga y para señalarte el camino cuando pierdas el norte, para seguirte cuando no quieras encontrar el camino, para darte la mano cuando la vida te dé la espalda y para ayudarte en los malos momentos aunque pocos, porque eres fuerte y lo sabes, y pocas cosas hacen mella en ti.
Cuando te canses de descubrir mundos nuevos, recuerda que para mí, hablar contigo era descubrir un universo entero lleno de constelaciones que alumbraban nuevos parajes inimaginables por la mente humana.
Recuerda que sigo aquí y que siempre lo estaré.
Y por muchos motes que te pongan, para mí siempre serás mi cosi, mi pequeña, avispada e ingeniosa niña de ojos verdes que me despertaba de la siesta.
Porque aún recuerdo cuando me decías que hablar conmigo era como una droga.

¿He acertado?

No te puedes ni imaginar lo que siento cuando hablas de ella aunque sólo la hayas mencionado dos veces. Una mezcla de odio y envidia frenados por una fuerte y constante censura moral que me devuelven a la vida real, donde tú no sabes lo que te quiero decir o no quieres saberlo y donde yo no sé si me hablas por amabilidad o porque realmente quieres, y donde esta montaña rusa que, al parecer, tengo montada en el estómago no para de dar vueltas. Arriba y abajo, arriba y abajo. Ahora sí, ahora no, ahora sí, ahora no.
Pero estás lejos. Muy lejos.
Y otra vez la montaña.

Porque lo digo yo

Porque me encantaría volver a ese momento en que todo se arreglaba con volver a empezar.
Porque todo era más fácil cuando no era complicado.
Porque antes hablar no llevaba a nada, y ahora puede significar muchísimas cosas.
Porque hay veces en las que ni siquiera te das cuenta de lo feliz que eres hasta que te das cuenta de lo triste que estás.
Porque simplemente sonríes y todo a tu alrededor adquiere otra tonalidad.
Porque experimento sensaciones que jamás pensé que llegaría siquiera a imaginar, todas diferentes pero iguales.
Porque filosofo y no sé lo que digo.
Porque no tengo palabras para describir como me siento, corrección: no existen.
Porque muchas veces nos asustamos de lo que somos.
Porque cambiamos.
Porque nos distanciamos.
Porque intento ser precisa y concisa pero acabo por devolver palabras sin sentido.
Porque me precipito y la fastidio.
Porque intento arreglarlo todo y sin quererlo lo destrozo.
Porque tú no estás.

lunes, 7 de mayo de 2012

Pesimismo.

Cuando te pones en lo peor, y después no pasa, la alegría que te llevas es más grande.

domingo, 6 de mayo de 2012

Reflexiones a la hora del té

Con la excusa de que no tengo deberes, o al menos eso parece, aprovecho para decirte que sólo intento que todo salga bien y que todos estemos a gusto aunque a veces no me doy cuenta y acabo estropeándolo, cuando parecía que ya estaba todo organizado. "Ten contentos a todos y no contentarás a nadie", y al final es lo que pasa.
Y que sepas que lo que tú digas es más importante para mí que lo que pueda decir cualquiera, así que no pienses que no eres nadie. No me gusta que la gente se enfade pero me gusta menos aún que te enfades tú, y sobretodo cuando es conmigo.
Eso respecto a lo del otro día.
Y ahora más:
Sé que muchas veces no te cuento lo que me pasa, no se lo cuento a nadie, a veces incluso ni siquiera yo sé lo que me pasa, pero tú y sólo tú eres capaz de sacarme una sonrisa hasta en el día más gris, incluso cuando tiro piedras NEGRAS a un cielo azul añil. Quizá, nuestra amistad es tan fuerte que por eso no queramos tener novio... nah! jijiji. Sé también que muchas veces soy insoportable, quejica, hago las cosas más difíciles de lo que en realidad son, sólo saco la parte mala de las cosas, pesimista, chillona, introvertida, tímida, reservada, una angustias, una verdadera pesada, más aún, una plastada, y un largo etcétera que no voy a escribir porque si no no acabaría ni en un año. Pero tú consigues que todos mis problemas se hagan más pequeños, y hasta el monstruo más terrible de mis pesadillas se convierte en un dulce y lindo gatito después de hablar contigo, incluso sin decirte nada. Y me soportas día a día a pesar de los pesares que son muchos.
Es difícil olvidar a alguien que ha marcado un antes y un después en tú vida, aunque él ni siquiera sea consciente de ello, y si piensas en él día y noche puede que sea porque aún no estás preparada para pasar página. Pero no debes avergonzarte ni deprimirte, porque te aseguro que un día podrás y cuando llegue ese día ni te darás cuenta, sólo sentirás que te habrás quitado un peso de encima, no un peso malo, sino que habrás superado una etapa de tú vida, una etapa que podría haber sido y que no fue. Ahora pensarás que no quieres que pase eso, que quieres recordarlo para siempre, que es el de verdad, que no quieres que sea otra cosa más que dejaste escapar. Tranquila. Cerrar la puerta hoy no significa cerrar la ventana del mañana. Siempre puedes volver. Él siempre estará ahí. Hazme caso, que yo lo sé bien.
Creo que de momento eso es todo lo que se me ocurre, pero como dices tú no es ni el 0,00001% de lo que me gustaría decir, pero ya sabes que no soy de hablar mucho. Algún día me gustaría aprender a expresar mis sentimientos, y espero que cuando llegue ese día, si llega, tú sigas estando a mi lado, en las buenas y en las malas, contra viento y marea, como siempre.
Espero que esto te sirva de algo, y que no lo leas pensando "menudas chorradas que escribe esta mujer" y si lo haces, que lo vuelvas a leer, hasta que se te quede en esa cabecita llena de pájaros. Nada es tan grande como nos lo imaginamos, ya sabes que nosotras tendemos a hacer un mundo de un grano de arena. Es nuestra pequeña habilidad. Por cierto, ya cinco días y dieciocho horas.