viernes, 16 de diciembre de 2011
Todo o nada
Si yo no digo nada, y tú no dices nada, todo seguirá como siempre. Pero, ¿y si uno de los dos decide hablar? ¿Cómo saber si merece la pena arriesgarlo todo por algo que puede que no funcione?
domingo, 25 de septiembre de 2011
Decisiones
El mundo se ha vuelto loco. No lo entiendo. Yo creía que era coherente pero no, nada lo es. Todo es totalmente aleatorio y absurdo, no tiene ningún sentido. Las cosas no suceden porque tú creas que tenían que pasar, no, suceden porque han surgido así. No hay otra explicación. No es el destino que te envía una señal, no es un ser superior que te maneja como una marioneta, no hay una teoría que nos una a todos y cada uno de nosotros y que dicte lo que va a pasar en cada momento. Todo va surgiendo a medida que se toman decisiones.
Las decisiones rigen nuestras vidas. Todo es una continua toma de decisiones. Si tomas la de la derecha puede que te lleve a un lugar muy diferente del que te hubiera llevado la de la izquierda. Una puede beneficiarte más que la otra pero ninguna es equivocada, ninguna te llevará a un camino sin salida, ni te guiará hasta un punto en el que solo puedas tomar una salida, sin elección. Siempre puedes elegir, puede ser que no te guste ninguna opción pero siempre puedes decidir cuál escoger y cambiar el rumbo de las cosas.
Si escoges un camino que no te lleva a donde tú querías no es un mal camino, ni tiempo perdido, ni relaciones innecesarias, ni tropiezos, ni emociones malgastadas. Es experiencia. Experiencia que te servirá más adelante. Experiencia que te hará crecer. Y sobre todo no es un camino del que no puedas salir. Siempre puedes volver al momento en que tomaste esa decisión, con experiencia adquirida, y elegir el otro camino.
Probablemente te encuentres con muchas decisiones que no te gusten y que prefieras no tomar, decisiones que quisieras que otro eligiera por ti y poder desentenderte. Pero no debes hacerlo. Tus decisiones son tuyas y de nadie más. Tu futuro es tu futuro y nadie tiene el derecho ni la obligación de decidirlo por ti. DECIDE Y SIGUE ADELANTE. Ésa es la frase, esas son las palabras, eso es lo que tienes que hacer, y nada más. Viviendo tu vida y eligiendo tu futuro, escogiendo un camino u otro sin que nadie pueda decir nada al respecto, y si lo dice que se lo trague, porque yo no voy a dejar que nadie decida lo que tengo que hacer. ¿Y tú?
Las decisiones rigen nuestras vidas. Todo es una continua toma de decisiones. Si tomas la de la derecha puede que te lleve a un lugar muy diferente del que te hubiera llevado la de la izquierda. Una puede beneficiarte más que la otra pero ninguna es equivocada, ninguna te llevará a un camino sin salida, ni te guiará hasta un punto en el que solo puedas tomar una salida, sin elección. Siempre puedes elegir, puede ser que no te guste ninguna opción pero siempre puedes decidir cuál escoger y cambiar el rumbo de las cosas.
Si escoges un camino que no te lleva a donde tú querías no es un mal camino, ni tiempo perdido, ni relaciones innecesarias, ni tropiezos, ni emociones malgastadas. Es experiencia. Experiencia que te servirá más adelante. Experiencia que te hará crecer. Y sobre todo no es un camino del que no puedas salir. Siempre puedes volver al momento en que tomaste esa decisión, con experiencia adquirida, y elegir el otro camino.
Probablemente te encuentres con muchas decisiones que no te gusten y que prefieras no tomar, decisiones que quisieras que otro eligiera por ti y poder desentenderte. Pero no debes hacerlo. Tus decisiones son tuyas y de nadie más. Tu futuro es tu futuro y nadie tiene el derecho ni la obligación de decidirlo por ti. DECIDE Y SIGUE ADELANTE. Ésa es la frase, esas son las palabras, eso es lo que tienes que hacer, y nada más. Viviendo tu vida y eligiendo tu futuro, escogiendo un camino u otro sin que nadie pueda decir nada al respecto, y si lo dice que se lo trague, porque yo no voy a dejar que nadie decida lo que tengo que hacer. ¿Y tú?
domingo, 22 de mayo de 2011
Crecer
Nadie me avisó de que esto sucedería. Nadie dijo que crecer, madurar, hacerse mayor era obligatorio. Yo era feliz con mis 16 añitos, tenía que decidir qué carrera iba a estudiar pero no tenía prisa porque eso aún estaba muy lejos, o al menos, así lo veía yo. No tenía problemas de adultos como hipotecas, maridos, coches o el trabajo, lo único que me sacaba un poco de mis casillas eran mis padres, pero nada fuera de lo común en una adolescente.
De pronto sentía que el tiempo pasaba demasiado deprisa, que había algo que me estaba perdiendo, era como si me hubiera saltado un capítulo muy importante de mi vida y tuviera que recuperarlo. Y cuando llegó el final del curso abrí los ojos: mi vida ya estaba hecha. En cuanto acabara bachillerato tendría que haber decidido ya que era lo qué iba a estudiar en la universidad, a cuál iba a ir, dónde iba a vivir y trabajar, si me casaría o no, si iba a tener hijos... en definitiva tenía que decidirlo todo en un verano.
No podía enfrentarme a tantas decisiones juntas, era demasiado para mí. Había tantas carreras que estudiar y me tenía que decidir por una, había tantos sitios en los que vivir y solo podría elegir uno, y para qué hablar de chicos, si ni siquiera había tenido novio. Todo era demasiado confuso y había una frase que no dejaba de sonar en mi cabeza: un solo verano para elegir. Además, había otro problema que añadir a la lista, al parecer todas mis amigas ya habían decidido que iban a hacer con sus vidas y no entendían que, posiblemente después de acabar bachillerato o incluso antes, no nos volviéramos a ver jamás.
Me sentía completamente sola, yo parecía ser la única que se daba cuenta de todo esto, hasta que te lo conté. Entonces me quité un gran peso de encima al comprobar que a ti te pasaba lo mismo, y en ese momento fue cuando se nos ocurrió: íbamos a hacer de este, el mejor verano de nuestras vidas. Íbamos a vivir ese capítulo que nos habíamos saltado e íbamos a hacer todo lo que no habíamos hecho.
Con nuestro ingenio y nuestra lista nada puede fallar. Yo estoy decidida, ¿y tú?
Dedicado a esa persona con síndrome de Peter Pan.
sábado, 30 de abril de 2011
Reiniciar
Algunos días me levanto, yo diría que bien… si podemos calificarlo como bien, de buen humor, con alegría. Van pasando las horas, y me apetece salir a la calle, quedar con los amigos. Todo va bien sigo motivada hasta que... hasta que salgo de casa. En ese instante se me cae el mundo encima. Es como si todos mis problemas, inexistentes hasta el momento, se presentaran de golpe, como si estuviesen encerrados en una caja bajo llave en lo más profundo de mi cerebro y de pronto explotasen. Y desde ese momento todo empieza a ir de mal en peor: me quedo callada, encerrada en mis pensamientos, y si hablo es para gritarte e insultarte, la tomo con quién no debo porque en realidad solo estoy enfadada conmigo misma -porque se me acumulan los problemas y las cosas que no te cuento, porque un día explotaré y entonces si que no habrá vuelta atrás-, y entonces, para acabar con el espectáculo me siento mal y pienso, que igual habría sido mejor no levantarme esa mañana.
Por lo demás todo va de lujo: sigo diciendo que estoy bien cuando estoy mal, sigo callándome las cosas, y sigo con mis buenas caras cuando lo que me gustaría es gritar al mundo que no estoy bien y que no creo que lo esté. Lo peor de todo es que ni siquiera sé por qué, solo me encuentro mal porque sí. No hay una razón evidente, ni un problema que sea más importante que otro, sólo estoy mal.
En realidad lo peor de todo, no es que no sepa por qué, ni el estar mal en sí, sino el no saber si quiero estar bien o si voy a estarlo.
A veces, lo único que necesito es un abrazo. Pero, luego me doy cuenta de que eso sólo dura un instante y de que, lo que de verdad necesito es una persona que aún no ha entrado en mi vida.
domingo, 27 de febrero de 2011
¿Ficción o realidad?
- ¡Corten! ¡Toma buena! Buen trabajo chicos habéis estado geniales, creo que la película será un éxito.
¿Un éxito? ¿A qué se refiere? ¿Quién lo ha dicho? ¿Y por qué todo el mundo está desmontando mi habitación? No entiendo nada, ¿a dónde se llevan mi cama? ¿Quién es toda esta gente?
- Vamos, vamos, cuanto antes recojamos antes podremos irnos a casa.
Un momento, ¿recoger? No, no, no, esto no puede estar pasando, no puede ser, no es real.
- ¡Eh, Amy! ¿Te vienes? Los chicos y yo vamos a ir a celebrarlo. – Me dijo una chica que aparentaba mi edad.
- ¿Pero quién eres? ¿Celebrar qué? ¿Y por qué me llamas así?
- ¡Muy bueno Amy! Venga ahora enserio, ¿te vienes o no? – La chica insistía muy segura de sí misma.
- ¡Que yo no me llamo Amy mi nombre es Adrianne y no voy a ninguna parte!
- Bueno tranquila, ¡como estamos! Pues si no quieres venir allá tú. Y haber si para mañana se te han quitado la tontería. – Se dio la vuelta y se fue.
No sabía de qué estaba hablando todo el mundo y tampoco por qué estaban desmontando mi habitación hasta que lo vi claro: en el momento en que apagaron el foco de luz que me cegaba, vi que todo a mí alrededor era un escenario, con su director, sus actores, las cámaras, el micrófono...
Poco a poco todo el mundo se fue, y cuando ya no quedaba nadie me acerqué a la silla del director. En un lateral había un taco de hojas unidas por una grapa: “La vida de Adrianne” ¡Mi vida había sido una película que acababa de terminar! ¿Pero cómo?
Me había metido tanto en el papel que me lo había creído todo: mis amigos, mis sueños, mi casa... mi vida... o bueno mejor dicho la vida de aquel personaje que estaba interpretando y que ahora quedaba en el recuerdo.
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¿Cómo saber si estas viviendo tu vida o si solo eres una actriz de una película que puede acabar de un momento a otro?
domingo, 6 de febrero de 2011
Explotar
Todos hemos explotado alguna vez, algunos más que otros y en ocasiones la onda expansiva del accidente ha llegado a dar a personas inocentes o ajenas a todo lo que había ocurrido.
Acumular sentimientos conlleva una carga y una responsabilidad tan grande que cuando uno lo suelta todo debe atenerse a las consecuencias y esperar que las cosas se encaucen, que vuelvan a la normalidad, y, que decirlo sirva para que mejoren, porque, ¿de qué sirve explotar si las cosas no van a cambiar?
Está claro que explotar es un acto involuntario, pero si aprendemos a controlar la ira, a calmarnos cuando la situación nos supera, a dar un mínimo de margen de error a las personas y a ceder, sobre todo a esto último, las personas como yo podremos no explotar nunca y vivir introvertidas para toda la vida, dejando así que personas como tú vivan tan felices que no se den cuenta de que sufrimos pro ellos, de que nos desvivimos para que ellos ni siquiera lo noten. Me desvivo para que tú ni siquiera te des cuenta de que me importas tanto que soy capaz de tragarme mi orgullo por ti, de no hacer lo que quiero por ti, de ofrecerte ayuda, de tenderte mi mano, de ser tu amiga, de esconder sentimiento, y todo ¿para qué? ¿Para qué ni si quiera pueda oír un simple gracias de tu boca? ¿Para qué me levante por las mañanas y me acueste por las noches pensando mañana se dará cuenta? ¿Para qué te enfades conmigo y no me hables o no me cuentes lo que te pasa y me grites y me insultes y me eches la culpa? Solo te pido un reconocimiento de mis esfuerzos por intentar conseguir que todo sea mejor y un simple gracias. Sé que parece que creo que no cometo errores pero si sé que los cometo e intento remediarlos pero la verdad es que tú no me pasas ni uno.
Estoy cansada de no poder enfadarme porque temo que si me enfado no vengas a buscarme como hago yo contigo, incluso es más, es probable que si me enfado nadie venga buscarme y me desvanezca en la soledad.
Por esto, a veces es buena mi burbuja: si no siento nada no me pueden hacer daño y vivo feliz, aunque sea una felicidad imaginaria.
domingo, 23 de enero de 2011
¿Y si...?
Siempre me he preguntado...
... ¿y si estuvieramos hechos el uno para el otro?
... ¿y si me lo hubieras preguntado alguna vez?
... ¿y si te hubiera dicho que sí?
... ¿y si hubieras sabido que yo lo sabía desde el principio?
... ¿y si no hubiese habido tantos inconvenientes y obstáculos?
... ¿y si el único problema era que ninguno de los dos nos atrevimos a dar el paso por miedo a que el otro dijera que no?
... ¿y si lo hubiesemos intentado?
viernes, 14 de enero de 2011
Invisibilidad.
¿Soy invisible? No. Está claro que pueden verme, estoy aquí, me ven, pero no pueden sentirme. ¿Por qué? Es como si estuviera encerrada, en una burbuja. La verdad es que me siento prisionera. Pero, ¿de qué? Prisionera de mis propios sentimientos. De uno en concreto:
El miedo.
El miedo a expresar lo que siento y que te rias y quede en ridículo. Miedo de confesarte mis miedos y que pienses que son tontos y que no debería tenerlos. Pues los tengo. No es que no quiera superarlos y seguir adelante, lo que ocurre es que no puedo. No puedo y punto.
Me gustaría poder decirte lo que siento y que sepas, que, aunque parezca una chica sencilla soy muy complica y estoy llena de sentimientos y secretos inconfesables, por lo menos a mí me lo parecen. Me gustaría poder ser tan emotiva como tú y expresar alegría, tristeza, frustración, desolación, angustia, odio, amor... Querría ser capaz de ser también una loca que se enamora de cualquer chico con el que se cruza y se imagina una historia de amor. Creer en ese "clic" que dices que suena cuando encuentras al chico adecuado... Bueno... y al siguiente y al siguiente... Me gustaría poder sentir mariposas en el estomago como si estuviera en una montaña rusa, esa sensación de tirarte a la piscina y no saber si está llena o vacía, no ser tan cuidadosa y cometer errores. Ya sé que los cometo y a menudo, pero me refiero a otro tipo de errores, al tipo de fallos que cometes cuando te enamoras de la persona equivocada y te hace daño y sientes esa tristeza, y lloras por ello. Parece que soy un poco masoquista, pero es necesario pasar por eso alguna vez en la vida para luego poder sentirte orgullosa por haber conseguido salir adelante y volverte a enamorar y puede que acertar alguna vez con el adecuado. Sobre todo, me gustaria poder creer en el amor pero tengo demasiadas razones para no hacerlo y he visto demasiadas películas.
Espero que algún día sea capaz de romper esa burbuja y salir al exterior. Pero temo no poder romperla, y que se vaya haciendo cada vez más fuerte, hasta que llegue un momento en el que no pueda haber marcha atrás y esa burbuja al prinicpio inofensiva se convierta en una celda de barrotes irrompibles de la que no pueda escapar nunca.
Por suerte hay una cosa en la que sí que creo y que no dejaré de creer nunca: La esperanza. Porque después de un mal día siempre sale el sol.
El miedo.
El miedo a expresar lo que siento y que te rias y quede en ridículo. Miedo de confesarte mis miedos y que pienses que son tontos y que no debería tenerlos. Pues los tengo. No es que no quiera superarlos y seguir adelante, lo que ocurre es que no puedo. No puedo y punto.
Me gustaría poder decirte lo que siento y que sepas, que, aunque parezca una chica sencilla soy muy complica y estoy llena de sentimientos y secretos inconfesables, por lo menos a mí me lo parecen. Me gustaría poder ser tan emotiva como tú y expresar alegría, tristeza, frustración, desolación, angustia, odio, amor... Querría ser capaz de ser también una loca que se enamora de cualquer chico con el que se cruza y se imagina una historia de amor. Creer en ese "clic" que dices que suena cuando encuentras al chico adecuado... Bueno... y al siguiente y al siguiente... Me gustaría poder sentir mariposas en el estomago como si estuviera en una montaña rusa, esa sensación de tirarte a la piscina y no saber si está llena o vacía, no ser tan cuidadosa y cometer errores. Ya sé que los cometo y a menudo, pero me refiero a otro tipo de errores, al tipo de fallos que cometes cuando te enamoras de la persona equivocada y te hace daño y sientes esa tristeza, y lloras por ello. Parece que soy un poco masoquista, pero es necesario pasar por eso alguna vez en la vida para luego poder sentirte orgullosa por haber conseguido salir adelante y volverte a enamorar y puede que acertar alguna vez con el adecuado. Sobre todo, me gustaria poder creer en el amor pero tengo demasiadas razones para no hacerlo y he visto demasiadas películas.
Espero que algún día sea capaz de romper esa burbuja y salir al exterior. Pero temo no poder romperla, y que se vaya haciendo cada vez más fuerte, hasta que llegue un momento en el que no pueda haber marcha atrás y esa burbuja al prinicpio inofensiva se convierta en una celda de barrotes irrompibles de la que no pueda escapar nunca.
Por suerte hay una cosa en la que sí que creo y que no dejaré de creer nunca: La esperanza. Porque después de un mal día siempre sale el sol.
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