Voy a olvidarme de todo, voy a dejarlo pasar, ¿para qué esforzarme en intentar ser mejor persona, mantener las cosas como estaban o como deberían estar, arreglarlo todo, ser feliz y que seas feliz, disfrutar día a día y no recordar los malos momentos? ¿Por qué guardar todo lo que hemos vivido y esperar con impaciencia todo lo que nos queda por vivir, si, cuando te canses vas a decidir darme la espalda y olvidar lo como si nunca hubiese pasado? Y sobre todo, ¿para qué entregarte mi corazón, si en el preciso instante en el que te aburras lo dejaras caer y se romperá en mil pedazos como si de cristal se tratase? Por nada, para nada.
Me levanto todos los días pensando que será diferente, que hoy la suerte me va a sonreír a mí, que te vas a dar cuenta de que estoy ahí, de que siempre lo he estado y siempre lo estaré. Pero no, cuando acaba el día me doy cuenta de que nada ha cambiado y de que estoy metida en un bucle monótono del que no consigo salir por mucho que lo intente. Me siento mal conmigo misma y cada día que pasa es como si se abriera un agujero bajo mis pies y todo mi mundo estuviera desapareciendo ante mis ojos sin que yo pudiese hacer nada, lo cual me frustra y me hace sentir peor. ¿Qué puedo hacer? Lo estoy intentando de verdad, pero no estoy obteniendo ni un resultado positivo, nada que me aliente a seguir adelante. Me rindo, lo dejo todo, no merece la pena esforzarse, si siempre pierdo yo.
¿Pero entonces qué es lo que debería hacer: rendirme o seguir intentando hacer las cosas bien?
Sinceramente, ya no lo sé. Aunque, creo, que en el fondo, sí que conozco la respuesta a esa pregunta.
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