sábado, 16 de febrero de 2013

Sentencia.


Igual sí que he sido una mala amiga. Soy humana, como todos cometo errores, más a menudo de lo que me gustaría, pero creo que he sabido reconocerlo y enmendarlos siempre que he podido. Sin embargo, si hacemos un balance de lo bueno y malo que he hecho, no sé si las cosas buenas que he hecho superan a las malas. No sé. Puede que al intentar estar bien con todo el mundo haya dejado de prestar la misma atención que prestaba antes a las personas. Pero, ¿es eso malo? ¿A caso es un delito intentar que todos nos llevásemos bien y que no hubiera discusiones? Pues bien, en estas líneas vengo a exponer mi caso de manera que, al final del escrito puedas dictaminar una sentencia justa en función de lo aquí acontecido. Y espero que, mi futura abogada, sepa perdonar mi escasez de vocabulario jurídico.
Yo soy una chica sencilla, con sus peculiaridades como todo el mundo, pero sencilla al fin y al cabo. Una chica que tiene los mejores amigos que se pueden pedir, a los que quiero con locura y a los que espero me perdonen por no decírselo más a menudo porque como ya sabrán no se me da muy bien expresar mis sentimientos en voz alta. No voy a contar la historia entera porque creo que ya te la sabes muy bien, así que me dedicaré a contar mi versión de los hechos y cómo veo tu actitud desde mi punto de vista, que creo que al final he logrado comprender. Si no es así, te pido perdón una vez más.
Cuando uno empieza a tener cierta afinidad con otra persona lo lógico es querer hablar con ella a todas horas para descubrir si se puede llegar a forjar una verdadera amistad o si sólo se tienen ciertos gustos en común. Cuando vimos que lo nuestro podría llegar a ser una gran amistad, fuimos teniendo más confianza hasta finalmente ser como uña y carne. Éramos inseparables. Desde mi punto de vista, creo que, al encontrar una nueva amiga, se crea un desequilibrio social y uno se aleja, un poco, de sus otros amigos hasta que se encuentra un lugar para esa nueva persona y a continuación se intenta volver a la normalidad con el resto del mundo.
Y eso fue lo que nos pasó. Que te acostumbré. Te acostumbré a ser la primera. Te acostumbré a mis llamadas de largas horas, a hacer cosas juntas, a hablar, a mis secretos y mis historias, a compartir momentos, a las risas y a secarte las lágrimas. Simplemente te acostumbré a estar ahí. Siempre. Pero las aguas deben volver a su cauce y el tiempo hay que distribuirlo, porque no solo estamos nosotras en el planeta. Tenemos un grupo de amigos que nos quiere aunque lo dudes, y teníamos que volver. Pero como he dicho antes, la afinidad con las personas es diferente según quien. Por eso cuando volví, nuestra relación cambio. Las cosas se empezaron a poner tensas y empezaron las discusiones. Yo sólo quería que todos nos lleváramos bien, pero tú tenías miedo de perderme. A ti te bastaba con tener una persona, una amiga que te entendiera, porque ya te había pasado antes lo de confiar en alguien que te dejó tirada y no querías que volviera a suceder. Pero yo nunca lo hice y nunca lo haré. Aunque a día de hoy creas que te dejé de lado, que simplemente hice que confiaras en mí para luego irme sin más, no fue así, yo sólo volví al equilibrio que había antes de ti y te intente traer conmigo, pero no quisiste.
Hoy es el día en el que me doy cuenta que el miedo es algo muy fuerte y que acostumbrar a la gente a ciertas rutinas tiene sus consecuencias, como el no saber sobreponerse. Solo espero que comprendas mi posición y que nunca quise hacerte daño.
Si algún día quieres volver ya sabes dónde estoy porque lo único que nunca ha cambiado y nunca cambiará es que voy a estar ahí siempre. SIEMPRE.
Espero haberlo comprendido al fin.

No hay comentarios:

Publicar un comentario