Algunos días me levanto, yo diría que bien… si podemos calificarlo como bien, de buen humor, con alegría. Van pasando las horas, y me apetece salir a la calle, quedar con los amigos. Todo va bien sigo motivada hasta que... hasta que salgo de casa. En ese instante se me cae el mundo encima. Es como si todos mis problemas, inexistentes hasta el momento, se presentaran de golpe, como si estuviesen encerrados en una caja bajo llave en lo más profundo de mi cerebro y de pronto explotasen. Y desde ese momento todo empieza a ir de mal en peor: me quedo callada, encerrada en mis pensamientos, y si hablo es para gritarte e insultarte, la tomo con quién no debo porque en realidad solo estoy enfadada conmigo misma -porque se me acumulan los problemas y las cosas que no te cuento, porque un día explotaré y entonces si que no habrá vuelta atrás-, y entonces, para acabar con el espectáculo me siento mal y pienso, que igual habría sido mejor no levantarme esa mañana.
Por lo demás todo va de lujo: sigo diciendo que estoy bien cuando estoy mal, sigo callándome las cosas, y sigo con mis buenas caras cuando lo que me gustaría es gritar al mundo que no estoy bien y que no creo que lo esté. Lo peor de todo es que ni siquiera sé por qué, solo me encuentro mal porque sí. No hay una razón evidente, ni un problema que sea más importante que otro, sólo estoy mal.
En realidad lo peor de todo, no es que no sepa por qué, ni el estar mal en sí, sino el no saber si quiero estar bien o si voy a estarlo.
A veces, lo único que necesito es un abrazo. Pero, luego me doy cuenta de que eso sólo dura un instante y de que, lo que de verdad necesito es una persona que aún no ha entrado en mi vida.
bravooooooo! lia me a gustado muuuuchooo! :)) con mucho sentimiento! el ultimo parrafo:INCREIBLEEE!!!
ResponderEliminarRie cuando puedas,llora cuando sea necesario :)
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