martes, 22 de mayo de 2012

500 días juntos

Tú. Sí tú. Esa pequeña y confusa criatura de letras que cree que lo tiene todo claro, pero no es así, porque yo sé la verdad. Incluso puede que en estos momentos sea una de las pocas privilegiadas que lo saben.
Eres como un mundo de fantasía encerrado en una pequeña ambición rubia. Perdón. Castaña. De ojos verdes y tan profundos que nunca sé si me estás mirando o estás fisgando en tu interior intentando recordar algo que has olvidado o que perdiste. Tan difícil de atrapar como un pájaro, tan extensa como el mar y tan clara como el cielo en su mejor día de verano.
Pero tú no puedes oírme, no puedes saber que yo te conozco puesto que nuestra comunicación se ha cortado. Igual de fácil como que un día no sonó el teléfono, y nunca más volvió a sonar. "Llámame tú", me decías, pero la cosa no es así de simple. Eras tú la que decidía cuándo, yo sólo estaba ahí para hablar contigo cuando lo necesitaras y para cuando yo lo necesitara. Nos entendíamos mutuamente, es más tú eras capaz de definir lo que yo no podía expresar, encontrabas la respuesta de todo y de nada, hasta de lo que no hacía falta encontrarla.
No te estoy reprochando nada, sólo constato un hecho. No pretendo que me vuelvas a llamar como antes hacías, ni pretendo que retomemos conversaciones olvidadas, y mucho menos pienses que te estoy echando la culpa, porque no es así. Sólo quiero que sepas que sigo estando aquí para ti, para lo que sea, a cualquier hora. Para entenderte cuando nadie más lo haga y para señalarte el camino cuando pierdas el norte, para seguirte cuando no quieras encontrar el camino, para darte la mano cuando la vida te dé la espalda y para ayudarte en los malos momentos aunque pocos, porque eres fuerte y lo sabes, y pocas cosas hacen mella en ti.
Cuando te canses de descubrir mundos nuevos, recuerda que para mí, hablar contigo era descubrir un universo entero lleno de constelaciones que alumbraban nuevos parajes inimaginables por la mente humana.
Recuerda que sigo aquí y que siempre lo estaré.
Y por muchos motes que te pongan, para mí siempre serás mi cosi, mi pequeña, avispada e ingeniosa niña de ojos verdes que me despertaba de la siesta.
Porque aún recuerdo cuando me decías que hablar conmigo era como una droga.

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